¿Vale la pena hacerse estas incómodas preguntas?

Sinceramente, creo que sí. Opino que es algo necesario, urgente e ineludible para que todos los seres humanos podamos averiguar nuestra manera de vivir, acorde a nuestra forma de ser y a nuestras circunstancias; todo ello nos hará felices y exitosos. Tampoco es preciso obsesionarse con todo este asunto, con todo este comedero de coco; no se trata de eso. Pero hay que ser consciente (como mínimo) de su importancia que, indudablemente, la tiene. Hacerse estas interrogaciones tan incómodas y tan poco comerciales, inevitablemente nos dará capacidad real para darnos cuenta dónde estamos, por qué y cómo hemos llegado hasta el presente en el que estamos viviendo: ¿Lo hemos elegido nosotros? ¿O nos lo ha sido impuesto por la vida, la sociedad, la tradición…?  ¿Qué queremos hacer con el tiempo que nos queda? Son muchas preguntas, pero todas apuntan al mismo lugar, encontrar la felicidad.

¡Qué cansino soy! Pero es la única manera que conozco para que despertemos. Este proyecto es como una gota de agua que cae constantemente sobre una roca, al final, una de ellas, partirá en dos la piedra y mostrará el tesoro que llevas dentro. Y esa joya eres tú y tu bienestar.

Pincha (AQUÍ) si quieres escuchar un audio (nuestro podcast) hablando sobre este tema.

Estas preguntas nos las podemos hacer en cualquier etapa de la vida: con 22 años al acabar la universidad ¿Y ahora qué? o a los 15 años al finalizar el instituto ¿Y ahora qué? o con 35 años cuando ya llevamos un tiempo en pareja (hemos montado una familia) y con dos hijos ¿y ahora qué? o con 50 años, en una empresa que odias y en la cual llevas 15 años o más, deseando salir huyendo sin saber dónde ni cómo; o en el paro (sin trabajo) arruinado, con muchos amigos pero sin ninguno que comparta tus inquietudes y aficiones ¿y ahora qué?   O todo lo contrario: Muy agradecido por estar en una buena empresa o negocio (o deberías) con amigos que sí comparten tus expectaciones; con una pareja que te complementa a la perfección que, además, tiene un tipazo que quita el hipo (o por lo menos a ti te lo parece) incluso con más de 80 años también ¿Por qué no? ¿Y Ahora Qué? Las circunstancias que sean me dan igual, lo que hayas conseguido es lo de menos; lo importante es cómo te sientes con tu situación actual y si quieres hacer algo para cambiarla. Luego habrá que pensar el qué y el cómo pero eso más adelante, ahora solo toca reflexionar si nos sentimos felices y exitosos y para eso hay que seguir haciéndonos preguntas irritantes. Por ello te pido que no me abandones todavía en este viaje donde solo hemos dado los primeros pasos, todavía quedan muchas cosas interesantes por ver.

Hay personas que han conseguido un éxito (aparente): dinero, fama, prestigio laboral y profesional pero se sienten “VACIAS”, ya que están realizando actividades que por un motivo u otro no les satisfacen. Ellos preferirían estar en otro lugar y con otras diligencias. Ten presente que lo que tú llamas éxito o fracaso, otra persona no lo valora igual, por lo que todo (casi todo) es relativo, por lo menos a la hora de reflexionar de lo que es una vida exitosa.

Está claro que con 90 años se puede seguir soñando, teniendo proyectos, INCLUSO enamorarse ¿Por qué no? Yo he conocido ancianos haciendo el acceso a la Universidad con más de 70 años. Octogenarios haciendo cursos para aprender a invertir en bolsa. Lo vi con mis propios ojos una vez en Madrid, en un seminario y me preguntaba: ¿Qué pretenden estos viejecitos? ¿Para qué querrán aprender a invertir a largo plazo con esas edades? Ellos no disfrutarán de rentabilidades y beneficios económicos por sus buenas inversiones. En aquella época no era consciente, no entendía que esos ancianos lo que buscaban eran sentirse vivos, y se está activo y vivo hasta el último segundo en el que se para la mente y el corazón, no lo olvides. Lo único que puede pararte es la salud ya que el dinero se puede buscar (hay maneras) y el saber y el cómo se puede aprender.

Pero simultáneamente he conocido a personas que con 20 años, que eran viejos, ancianos, muertos vivientes que se conformaban con respirar, comer, criticar, distraerse y poco más. Más que vivir sobrevivían. Ten cuidado con esas personas, te pueden contagiar su modo de sentir.

Asimismo hay que ser sensato, consciente de que con 90 años es complicado plantearse ciertos retos, proyectos, incluso con 40 años, por lo que hay que ser realista para no sufrir por algo épico que será poco rentable; ya que pagaremos un precio excesivamente alto para poder alcanzarlo, con muchas posibilidades de no hacerlo nunca realidad, de no conseguirlo. Pero esto solo lo puede responder cada persona, en su intimidad. Eso no te lo puede decir ningún gurú. Espero poder ayudarte con alguna pregunta que despierte en ti algo que estaba dormido, y que requiere reflexión y cambio.

Ya que estamos dando un viaje junto, cogiditos de la mano, cómo te comentaba ; ahora me gustaría que nos concentráramos en reflexionar si vale la pena a estas alturas hacerse estas interrogaciones incómodas, las que ya te he hecho las muchas que te voy a hacer. ¿Vale la pena reflexionar y filosofar sobre todo esto? Aquí la ciencia no nos puede ayudar, ya que esta es una pregunta de la Ética y aquí la ciencia no nos puede decir nada. La ciencia solo da noticias, datos, teorías, pero no nos puede enseñar a vivir.

Solo hay una vida, al menos que yo sepa y hay que intentar sacarle partido. Yo sé que eso lo sabe todo el mundo; pero se nos olvida todos los días, en cada minuto, en cada segundo; y hay que recordar, ser consciente de esa realidad. Sí hace falta ponemos en el salón de casa un cuadro, una tarjeta, una postal… algo que nos lo recuerde. Algo que diga ¡Vamos a morir! Para que aprovechemos el tiempo y no se nos olvide. Si fuéramos más conscientes de esto, no nos enfadaríamos tanto, no nos preocuparíamos por tantas cosas absurdas, superficiales, superfluas… (en los atascos de tráfico, en el trabajo, con los hijos, con nuestra pareja…) parece que vamos a estar aquí toda la eternidad, y, obviamente, no es así. Moriremos y seguramente dentro de muy poco tiempo por lo que somos muñecos dominados por los celos, envidias, miedos, etiquetas Historias surgidas de nuestra imaginación calenturienta.

Lo que habrá detrás de la muerte no se sabe, por lo que no nos debe de preocupar ya que no tiene nada que ver con nosotros. Como decía Epicuro: “Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, estos han desaparecido ya”. Cada religión apunta a sus creencias: pero lo que sí es verdad es que por lo menos en este cuerpo (el único que tenemos) solo vamos a estar una sola vez, (hasta que no se demuestre lo contrario) lo siguiente no se sabe todavía. Es verdad que la ciencia con sus últimos avances en la teoría cuántica parece que cada vez está más cerca de lo que ya pronunciaban las antiguas civilizaciones con su razonamiento puro (Grecia presocrática) y sus meditaciones y experiencias místicas (en Oriente) pero aun así, todo está sin saber, incierto. Nos tenemos que conformar con aprender que solo hay una vida ya que lo que tú creas, sientas y padezcas es cosa tuya y personal, pero no tiene por qué ser la verdad absoluta, ¿o sí? ¿Quién sabe? Quizás el universo es un conjunto de infinitas realidades y todas son válidas, no lo sé. Indudablemente la vida hay que disfrutarla y eso es lo que pretendo con este proyecto que es un conjunto de saberes mezclados en un gazpacho poco común y entendible por todos (o casi todos). Una entrada en el que estoy echando un rato muy divertido. Hablando y filosofando como si estuviéramos tú y yo solos en una cafetería en tu barrio, en tu azotea, por el parque paseando…

Por todo lo dicho espero que te haya quedado claro mi postura respecto a reflexionar en cualquier etapa de la vida sobre todas estas cuestiones, qué hacer con el tiempo que nos queda o con la necesidad de hacernos estas preguntas incómodas cada cierto tiempo en diferentes etapas de la vida (especialmente en la madurez) y cada pregunta de un modo diferente, profundizando cada vez más en nuevas respuestas, sin alcanzar nunca la definitiva; YA QUE NO EXISTE UNA RESPUESTA MAGISTRAL Y ÚLTIMA.

¿Se puede ser feliz y exitoso sin hacerse estas interrogaciones?

Por supuesto. Yo conozco a mucha gente que no se plantea casi nada y son tremendamente felices. Personas normales, inteligentes (la mayoría mucho más que yo) Mi mujer María José, mis amigos del barrio: Fernando, Javier, Carmela… son felices y no se comen la cabeza ni un solo segundo en estos ovillos mentales.   Pero creo (humildemente) que no usan su cualidad más humana, la que los diferencia de un gato, de un perro o un águila: La Razón” que les permite investigar con profundidad sobre quiénes son. Aunque también hay que acordarse de lo que decía el sabio y poeta español Unamuno, burlonamente: Cuando empezamos a pensar y reflexionar, dejamos de vivir, pero cuando dejamos de pensar y reflexionar dejamos de ser humanos.

La razón no es la solución a la felicidad, pero nos hará conscientes y libres para darnos cuenta de lo que queremos, para dirigir el barco de nuestra vida, de lo que nos hace felices, de cómo mejorar, de vivir CONSCIENTES. Un gato no sabe que está vivo, no tiene esa conciencia, no sabe ser otra cosa que no sea un gato. El hombre tiene muchas alternativas. Al gato le duele si le pinchas, si le pegas, le da gusto y placer algunos alimentos, una caricia, el sexo, la compañía humana pero no tiene la noción de individualidad. Un gato no tiene conciencia de la felicidad, ni de sí mismo, puede estar a gusto por sensaciones externas, pero la felicidad es una cualidad humana, es algo racional como la risa.

Un animal no se puede reír porque no tiene la razón o inteligencia suficiente para ello. Nosotros sí; por lo que tenemos la obligación de ser libres, seres razonables y felices.

Para mí lo mejor es vivir una vida reflexiva combinada con una vida vivida, compartida; a mitad de camino entre dioses y animales. Como decía Ortega con su ideología del raciovitalismo, que consiste básicamente en el intento de conjugar la vida con la razón, superando críticamente las contradicciones que se dan entre ambas, tal como se puede deducir de los excesos “irracionalistas” del vitalismo y de los excesos “an-tivitales” del racionalismo.

Las preguntas claves y más importantes (para mí) sobre la existencia, que repetiré una y otra vez a lo largo de este blog son:

  • ¿Quién soy yo?

  • ¿Qué va a ser de mí?

  • ¿Dónde estoy?

Con estas preguntas nos planteamos toda nuestra existencia: en el pasado, en el presente y en el futuro.

Tener una personalidad equilibrada es el camino que nos lleva a la felicidad, hay que conocerse. Como se decía en el templo de Apolo en Delfos con el aforismo griego “Conócete a ti mismo” (que en griego clásico es γνῶθι σεαυτόν, transliterado como gnóthi seautón)

La frase “conócete a ti mismo” puede referirse al ideal de comprender la conducta humana, moral y pensamiento, porque comprenderse uno mismo es comprender a los demás también y viceversa, sabiendo que somos todos pertenecientes a la misma naturaleza. Lo que vemos fuera en muy buena medida es un espejo o reflejo de nuestro estado interior. Por eso aprender el verdadero significado de la frase conlleva inevitablemente a verse uno mismo como ser humano ante la verdad, qué es lo que es y, por lo tanto, descubrir nuestras miserias, cómo nos engañamos y mentimos para alimentar nuestro sufrimiento interno. Este aforismo es una invitación a una mirada introspectiva para detectar nuestras carencias y defectos y mantener la prudencia en el manejo de nuestra lengua. Una llana y sincera capacidad de autocrítica ¡Hay que llevarse bien con uno mismo! Y eso no es nada fácil.

Si te quedas siempre en la misma etapa de la vida, en una idéntica edad mental, sin evolucionar; no podrás disfrutar, sentir y aprovechar lo que te ofrece cada una de ellas. Pasar página para empezar otras cosas que tocan con otras edades no quiere decir que te quedes en el sofá todo el día entero por tener más de 50 años; sin hacer nada nuevo (que es respetable por supuesto si es lo que tú has decidido, pero dudo que realmente eso sea lo que necesitas y lo que pretendes) ya que nadie, en su sano juicio, ambiciona una vida superficial y pasiva. Y para ello hay que reflexionar primero; para ser una y otra vez humanos; NO animales de compañía. Y 2.º actuar del mejor modo.

¿Qué piensas de todo esto? ¿Vale la pena hacerse estas incómodas preguntas? ¿En qué etapa de la vida? ¿De niño, adulto o en la vejez?

Ahora te toca reflexionar a ti

Inteligente es el que sabe a dónde quiere ir,

pero más inteligente el que sabe a dónde

no tiene que volver.

Cuadro de Quino al óleo; El Meteorito.

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Quino

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